lunes, 3 de abril de 2017

PASADOS DE FRENADA




Hay numerosos indicios de que el nombramiento de los actuales obispos de las cuatro diócesis de la Euskal Herria peninsular ha sido consecuencia remota de un acuerdo entre la Brunete episcopal: el cardenal Rouco Valera y alguno de sus adláteres, y la Brunete del Partido Popular: Mayor Oreja, entonces ministro del Interior y miembro destacado de la Asociación Católica de Propagandistas en torno a cuyo foro, al que acudieron en bloque los tres obispos de la Comunidad Autónoma Vasca y entorno a cuyo foro se realizó la entrevista conjunta de los obispos vascos a que me voy a referir a continuación.


Fruto de ese probable pacto para la reconducción del delicado problema vasco a los parámetros propiciados por el gobierno del PP, entonces presidido por José Mª Aznar, parece que se acordó (¿a cambio de qué?) que los obispos, en lugar de aportar luz, se mantendrían en silencio respecto del denominado ‘problema nacional vasco’ (¿se enciende un candil para meterlo debajo de la cama?) y hasta, si era el caso, incluso se decantarían sibilinamente a favor de las tesis del Partido Popular.

Y en esas seguimos, con el agravante de que los actuales obispos vascos, elegidos a tenor de este acuerdo, en más de una ocasión, al tratar el tema ‘vasco’, son tan fieles al compromiso adquirido —se trata de no perder comba de cara a futuras promociones— que hasta se pasan de frenada. A las pruebas me remito.

El pasado viernes 24 de marzo los tres obispos de las diócesis de la Comunidad Autónoma Vasca hicieron una entrevista conjunta en la que, entre otras cuestiones, responden a las preguntas que se les hacen sobre la reconciliación de la sociedad vasca.
La respuesta de los obispos es un calco de las tesis del ex-ministro del interior Sr. Fernández Díaz, reconocido por sus posicionamientos extremistas y que está en trance de ser inculpado por sus tretas contrarias a la ley, por lo que ha sido de los pocos ex ministros relegados en el nuevo gobierno del PP.


El anuncio por ETA de su desarme urgente e incondicional es, según el obispo Munilla, “claramente insuficiente… La única respuesta que la sociedad espera es la disolución definitiva… El reconocimiento del daño causado es insuficiente, como una alternativa al arrepentimiento, porque puede encubrir una mera estrategia política, incapaz de empatizar con el dolor de las víctimas”.

Ningún requerimiento al arrepentimiento de los distintos gobiernos españoles por sus torpezas, por sus incumplimientos estatutarios, por los sufrimientos y por las víctimas, incluso mortales, ocasionadas por las torturas sistemáticas; ninguna alusión al terrorismo ideado y amparado por las ‘cloacas del Estado’, al acercamiento de los presos, ninguna luz que aportar a la problemática suscitada por el enésimo intento de renovar el acuerdo de autogobierno vasco con el gobierno estatal ‘impasible al ademán’. Esos temas, por lo que se ve, tanto a juicio de los obispos, como del Partido Popular, no tienen nada que ver con la reconciliación entre los vascos.  

No es así en la sociedad civil. Curiosamente el mismo día en que se publicó la entrevista conjunta, el socialista Ramón Jáuregui mostró más amplitud de miras (y hasta más compasión humana) que los Obispos vascos por los presos de ETA y en una declaración  sostenía que el desarme de ETA debiera ser aprovechado para un acercamiento de los presos a Euskal Herria: "Acercar a los presos de ETA —decía Jauregui— sería un efecto lógico del desarme de la banda" (24.03.17).

Es cierto que las declaraciones del sr. Iceta en la entrevista son más asumibles (lo que es de señalar) que las de los srs. Munilla y Elizalde (especialmente torpes las de este último el domingo 28 de marzo en El Correo). Pero no es menos cierto que la entrevista se plantea, con todo alarde tipográfico, como conjunta: “Primera entrevista conjunta de los tres obispos vascos”, lo que hace suponer que los tres obispos, cuando hicieron sus respectivas declaraciones, conocían en directo lo dicho por el obispo de San Sebastián.

Esto hubiera exigido del obispo de Bilbao algún tipo de de matización o de desacuerdo con lo dicho por el sr. Munilla. De lo contrario, el lector ha de deducir que quien calla otorga. Y así lo interpretó el editorialista del periódico en que se publicó la dicha entrevista, para quien en la misma se “establecen los planteamientos con los que se maneja la jerarquía católica a día de hoy y con los que, de seguro, coincide la inmensa mayoría de la sociedad vasca”. ¿La inmensa mayoría de la sociedad vasca coincide con los planteamientos sobre la reconciliación que propone el obispo Munilla? Flaco servicio del editorialista y el de los tres obispos vascos a la causa de la reconciliación de nuestro pueblo.

Se me puede argumentar que los obispos sólo se pronuncian sobre los temas que el entrevistador les propuso. Pero ese es, en mi opinión, un argumento amañado. Ante una pregunta que trata intencionadamente de llevar el agua al molino del entrevistador, el entrevistado, si es listo y honesto, debe con su respuesta reconducir la pregunta a sus verdaderas coordenadas. Esa fue la táctica de Jesús de Nazaret. Al joven que le preguntó por el modo de acceder al Reino de los cielos, Jesús le aclaró, que, por encima de la Ley, que era la respuesta que el joven propiciaba, está la solidaridad con los necesitados… y con los presos, y con… Pero el joven más que una aclaración, lo que buscaba era una confirmación de sus opiniones, a lo que Jesús no accedió.

Por eso creo que los tres obispos de la Comunidad Autónoma Vasca —la ausencia del arzobispo de Pamplona en la entrevista conjunta no es inocente— han perdido una magnífica oportunidad de remarcar las propuestas positivas de la Iglesia católica vasca para la reconciliación y han preferido, sin originalidad alguna, plegarse a las propuestas propiciadas por el Partido Popular… Pero es que quizá hayan sido nombrados (a dedo) para eso. Y se les nota.

Sebastián García Trujillo
                                                                                 

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