lunes, 5 de mayo de 2014

La diócesis de Nanterre y los equipos de animación pastoral en las parroquias


Anne-Bénédicte Hoffner






Monseñor Michel Aupetit será acogido el domingo 4 de mayo como obispo de Nanterre. La principal riqueza de esta diócesis reside en sus numerosos laicos, que, debidamente formados, se responsabilizan de la vida de sus parroquias, de la pastoral en general y de la enseñanza católica.

Primero fue Notre Dame de Pentecostés, situada entre las torres de la Défense, luego la capilla real Maximiliano Kolbe en Rueil-Malmaison, después la “casa de la Palabra” en Meudon y muy pronto “la casa de las familias” en Boulogne-Billancourt. Según el informe de monseñor Claude Dagens titulado “Proponer la fe en la sociedad actual”, la diócesis de Nanterre tomó la decisión, hace veinte años, de abrir estas casas de Iglesia”. “Ni sólo parroquias ni únicamente establecimientos para acoger jóvenes”, la diócesis desea que sean, “a la vez, lugares de misión y servicios concretos que se prestan a la sociedad”, resume el P. Alain Lotodé, vicario episcopal, especialmente encargado de su control.

Son lugares atendidos con particular esmero y adaptados al tiempo presente en una diócesis que, joven y diversa, acoge, este domingo, a monseñor Michel Aupetit, antiguo obispo auxiliar de París. Nanterre es una diócesis creada en 1966 a la que todavía falta “una conciencia diocesana”, reconocen quienes trabajan en ella, deseando que la reciente renovación de Santa-Geneviève y el flujo de visitantes que vengan a descubrir sus vastos frescos contribuye a reforzarla.

Precariedad y “responsabilidad de los bautizados”


La diversidad de estos territorios (los municipios más favorecidos, Neuilly-sur-Seine o Saint-Cloud, están rodeados por otros menos afortunados como Bagneux o Gennevilliers) y la movilidad de su población son dos de sus rasgos más característicos. “La mayor parte de las personas vienen aquí lo hacen, sobre todo, por razones profesionales y muchas de ellas regresan a sus sitios de origen o bien porque se jubilan o bien porque huyen de los precios de las inmobiliarias” declara el P. Hugues de Woillemont, vicario general.

Señal de la precariedad que se va extendiendo, como consecuencia del drama de la crisis económica, la delegada diocesana de los laicos en misión eclesial, Christine Naline, recibe cada día más candidatos “que manifiestan tener necesidad de un salario, ya sea porque tienen hijos en edad de estudiar, ya sea por la precariedad del empleo de su cónyuge”. Quizá, por ello, “las casas de acogida” (misiones confiadas a parejas a cambio de su alojamiento en la antigua casa presbiteral) están teniendo un gran éxito en la diócesis. Pero estos laicos también están testimoniando algo muy importante en la diócesis: “Su capacidad para tomar en serio su responsabilidad de bautizados”, manifiesta Christine Naline.

Contar con los laicos

En la diócesis de Nanterre, la colaboración entre sacerdotes y laicos es una realidad arraigada y que viene de lejos. No es un medio para paliar la falta de sacerdotes, sino una verdadera decisión pastoral: con 52 curas para 73 parroquias y 15 seminaristas, con una ordenación cada año y “con ocho o diez sacerdotes que fallecen anualmente”, declara el P. de Woillemont, “la diócesis está afrontando con solvencia las necesidades de sus parroquias”. La constitución de equipos de animación pastoral en cada parroquia fue una decisión que adquirió el rango de orientación diocesana en 2009, gracias a monseñor Gérard Daucourt: formados por ocho miembros, “su tarea no sólo pasa por garantizar los servicios pastorales necesarios, sino también, por pensar la pastoral juntamente con el cura”, subraya al vicario general.

En septiembre del año pasado, esos equipos han abierto, en continuidad con su razón de ser, un tiempo de reflexión presidido por esta cuestión. “¿Qué estamos llamados a vivir en la situación actual? He aquí la pregunta que debemos hacernos ahora, resume el P. Hugues, habida cuenta de que no estamos ni agarrotados por el miedo ni devorados por el desierto”.



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