lunes, 5 de marzo de 2012

La cárcel de curas de Zamora 08: Dos datos sorprendentes, por falsos, de la vida en la cárcel de Zamora


El primero se refiere a la celebración de la misa en la cárcel de Zamora.

“En cuanto supe que algunos de nuestros sacerdotes bilbaínos habían sido encerrados en la prisión de Zamora, fui a visitarlos.   ... Los tres detenidos por los sucesos de Orozco acudieron a nuestro encuentro llenos de cordialidad.  ...  Les pregunté, de otra parte, si necesitaban  estipendios para misas o alguna ayuda económica, aparte la nómina que se les pasaba mensualmente como a todos los presbíteros diocesanos. Me contestaron que no celebraban misa, dado el ambiente reinante en la prisión, y que no necesitaban nada más que salir de ella a una casa religiosa”. (pag. 206).


“Mientras tanto se llegó a decir en algunos medios vizcaínos que yo tenia abandonados a los sacerdotes presos en Zamora. El abad de un monasterio guipuzcoano me visitó un día, para decirme que estaba escandalizado, porque le habían dicho que tenía abandonados a dichos sacerdotes. Me concretó que ni les ofrecía estipendios de misas, ni les pasaba ninguna ayuda económica ni les visitaba.. Quedó sin habla, cuando le dije que había ido a Zamora varias veces para visitarles pero no habían querido aceptar la visita y que les pasaba la misma nómina que a todos los sacerdotes diocesanos. Por lo que se refería a los estipendios, le pregunté:

-  ¿Sabe Vd. si celebran la eucaristía?

-  Supongo que sí  - me contestó.

Y yo le repliqué que estaba equivocado porque llevaban mucho tiempo sin celebrarla. El buen abad quedó cortado. Me dijo que le habían engañado con informaciones falsas. Me pidió perdón y me dió un abrazo. Nos hemos visto luego muchas veces. Seguimos siendo buenos amigos”. (pags. 207-208).

La verdad de este tema es bien distinta. La dirección de la cárcel destinó para la celebración de la misa un pequeño cuarto de 2 metros de largo y otros tantos de ancho, más o menos; lo que vulgarmente se dice un cuartucho. Tenía acceso desde la única sala que teníamos para pasar el día, pero la puerta estaba cerrada y para entrar  en él había que pedir la llave al funcionario de turno.

 En cuanto al equipamiento, no había más que una rudimentaria mesa que hacía de altar y un armario donde había algunos ornamentos que, ciertamente, no utilizábamos porque no había para todos y porque en la situación en que estábamos nos parecían fuera de lugar. Como utensilios para la celebración no había más que un crucifijo, un  caliz y una patena y dos candelabros con sus correspondientes velas.

En este cuarto estuvimos celebrando misa durante meses, hasta que decidimos renunciar a él porque era el único lugar y momento del día y la noche en que no estábamos bajo la vigilancia de los funcionarios lo cual suponía una concesión excepcional que no se correspondía con el nulo miramiento y control absoluto  a todos los movimientos dentro de la cárcel, incluso a la hora de hacer nuestras necesidades fisiológicas en retretes sin puertas y con una pared de aproximadamete un metro de altura, como único cierre.

Después de dejar de utilizar el cuarto en cuestión, celebrábamos la misa en el dormitorio en la hora que transcurría desde que nos encerraban en él hasta que apagaban la luz. Durante un período que no sabría concretar, celebrábamos todos los días hasta que decidimos hacerlo sólo los domingos.

Respecto a los estipendios de misas a los que D. José María Cirarda concede relevancia, ni nos planteamos el tema ni era lo que más nos importaba; un ofrecimiento fuera de lugar e impropio  en aquella situación. 

Siendo ésta la realidad, resulta sorprendente comprobar cómo o con qué intencionalidad los tres que dicidieron salir al convento le dieron a su obispo la información que se recoge en el libro.

Hay un segundo dato en el libro que es, además  de falso, totalmente manipulado. Dice así:

“Así la prisión se convirtió en un foco de tensión permanente. Sucedieron cosas increíbles, como que un día hicieron una pira con la mesa del altar, las casullas y demás utensilios para la celebración eucarística y le prendieron fuego”. (pag. 207).

Es ésta una versión, además de incompleta, totalmente manipulada del motín realizado en la cárcel. Los sacerdotes presos pedimos a todas las instancias que pudimos que, siendo presos políticos  -así nos reconoció y calificó Amnesty International- queríamos cumplir las condenas en las cárceles en que estaban recluídos los presos políticos. Como nadie atendía a esta petición, un compañero  - Felipe Izagirre, religioso franciscano-  se secularizó, incluso, para que fuera trasladado a una cárcel donde hubiera presos políticos.

Los demás sacerdotes presos, como un último recurso desesperado, realizaron un motín en la cárcel de Zamora, prendiendo fuego y rompiendo lo que hubiera de destruíble en una construción como la cárcel, en la creencia de que inutilizando la cárcel de Zamora, por fuerza, les llevarían a las cárceles que solicitaban. Josu Naberan que fue el encargado de inutilizar y prender fuego al cuarto en el que en un tiempo se celebraba la eucaristia,  tuvo buen cuidado de dejar aparte el crucifijo, el caliz, el ara y demás utensilios pra la celebración de la misa.

Tanto Juan Mari Arregi como Xabier Amuriza exponen con detalle este dato en el libro de próxima publicación sobre la cárcel de Zamora, desmintiendo lo aireado, con mala intención, por los medios de comunicación. Se cuidaron muy mucho de no cometer ninguna profanación ni ningún sacrilegio. Hablar de “hacer piras” de enseres en una cárcel demuestra un desconocimiento total de las condiciones de la cárcel en general y no digamos ya de las dificultades sobreañadidas a la hora de tratar de hacer un motín.


Secularizaciones

           Ciertamente el tema de las secularizaciones de los sacerdotes no está directamente relacionado con los problemas de la cárcel que trato de esclarecer en este escrito; rebasa las pretensiones de este escrito; pero teniendo en cuenta que D. José María Cirarda se refiere con detalles a los sacerdotes que se secularizaron, todos ellos pertenecientes a los que él denomina del grupo de los “radicales” y omite, por otra parte, el dato de que   sacerdotes presos protegidos por él tambien se secularizaron, he decidido aportar algunos datos sobre este tema.

“Parte del grupo más radical de los sacerdotes se había cuasi-institucionalizado ya en 1967. Se autodenominó Gogortasuna ... Bastantes se secularizaron andando el tiempo. Algunos por sí y ante sí; otros, pidiendo la gracia a la Santa Sede”. (pags. 145-146).

“A poco de publicada mi dicha pastoral en Bilbao, vino a visitarme uno de los sacerdotes mas duros del Gogor, para una conversación que nunca he olvidado. Fue la primera que tuve a solas con uno de los sacerdotes diocesanos más radicales, que terminaría secularizándose por sí y ante sí al cabo de no mucho tiempo”. (pag. 158).
 
“El problema fue perdiendo su gravedad extrema, aunque algunos ondarreses siguieron  -y siguen todavía- obstinados. Pero el grupo se disolvió, cuando el sacerdote que lo animó en un principio se autosecularizó, pasó a vivir con una mujer no sé si previo matrimonio civil o sin él, y se metió en política como militante de Herri Batasuna”. (pag. 173).

“El otro sacerdote, el director del coro contestatario, se secularizó por sí y ante sí, es decir, sin pedir la gracia del papa para dejar el sacerdocio. Tambien se ha secularizado el que era coadjutor de Basauri, pero lo ha hecho pidiendo la gracia de la secularización y celebró luego el sacramento del matrimonio como Dios manda”. (pag. 186).

Aunque D. José María Cirarda no recoge el dato, de los cuatro que salieron al convento de Villagarcía de Campos para cumplir alli su condena, dos sacerdotes diocesanos y el religioso capuchino se secularizaron. Y de los nueve sacerdotes detenidos y encarcelados en Zamora el 1 de junio de 1970, cuatro se secularizaron. Teniendo en cuenta que de estos nueve, dos eran de edad muy avanzada, el porcentaje es muy alto.

Por otra parte, es un dato contrastado que son muchos más los sacerdotes secularizados, durante esos años, por otros motivos que por motivos o posturas radicales o de izquierdas.

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