martes, 14 de diciembre de 2010

El Pais sigue analizando al Obispo Iceta

Los megagrupos mediáticos, en lo que han devenido los medios de comunicación en la actualidad, ya no se plantean como objetivo cívico ser un cuarto poder para corregir los disfuncionamientos de la democracia y perfeccionar ese sistema, sino que se han sumado a los otros poderes existentes (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, político y económico) para aplastar como poder suplementario a los ciudadanos, afirmó el periodista y catedrático español Ignacio Ramonet.


Con esa buena herramienta de interpretación se pueden leer ésta y tantas otras aportaciones de este 'insigne' diario (EL PAIS)

El futuro de las diócesis de Euskad

La Iglesia se distancia del activismo social

El giro tras las designaciones de Iceta y Munilla resulta más pastoral que político

UNAI MORÁN - Bilbao - 12/12/2010
A punto de expirar, 2010 ha sido un año de cambios para la Iglesia vasca. Hará falta tiempo, sin embargo, para determinar su profundidad y alcance. Las diócesis de Bilbao y San Sebastián han asistido al polémico relevo de sus obispos.
A punto de expirar, 2010 ha sido un año de cambios para la Iglesia vasca. Hará falta tiempo, sin embargo, para determinar su profundidad y alcance. Las diócesis de Bilbao y San Sebastián han asistido al polémico relevo de sus obispos. Mario Iceta en la primera y José Ignacio Munilla en la donostiarra han tomado posesión de sus cargos frente a un amplio espectro de voces críticas que perciben en las sustituciones una involución ded la Iglesia hacia postulados más conservadores y menos tendentes a la participación de las bases diocesanas. Aunque latente, la tensión se mantiene en ambas comunidades hasta que la actuación de los prelados confirme o no los juicios que se les hacen.
Más allá de las críticas, el relevo de los obispos poco tiene que ver con un premeditado intento de alejar a la Iglesia vasca del nacionalismo. Esta opción, si acaso, se percibe desde la Conferencia Episcopal Española como un bien añadido. Las vinculaciones que se hacen con la llegada de los socialistas al Gobierno vasco también resultan erróneas. Al contrario, ambos cambios se enmarcan en una apuesta conservadora de la institución eclesial por los principios teológicos en exclusiva, como oposición a la relación directa del clero con los problemas de la sociedad que tradicionalmente ha imperado en la Iglesia local. "Se trata de evitar pronunciamientos sobre temas vidriosos, como la política, la economía o el terrorismo", considera un veterano diocesano vasco.
Aunque jóvenes para su cargo actual, Iceta (45 años) y Munilla (49) comparten un perfil clásico y más tendente a la divulgación del catecismo que a la dialéctica. El "giro hacia la derecha" que evidencian sus designaciones, según buena parte de sus comunidades diocesanas, se enmarca en una "añoranza del nacionalcatolicismo" por parte de la Iglesia española y persigue la finalidad adicional de atraer a los sectores más conservadores, como el Opus Dei o los catecumenales, para contrarrestar la pérdida de fieles y "llenar de nuevo" unos templos que cada vez estaban más vacíos. Un objetivo que se ha conseguido, a tenor de los llenos que registra la catedral donostiarra del Buen Pastor cada vez que da misa su obispo, pero opuesto al "activismo social" por el que se han decantado de forma mayoritaria el clero y el laicado vascos.
Tras los cambios se perfila la sombra del cardenal Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española y miembro de la poderosa congregación pontificia encargada de elegir a los prelados de todo el mundo.
La situación, en cualquier caso, no resulta del todo nueva en Euskadi. Desde hace años, los postulados de la Iglesia más conservadora se han impuesto en los seminarios y han dado forma a una nueva generación de sacerdotes alejada de la vieja ola que hasta ahora había gestionado los templos. Si los curas más veteranos han destacado siempre por su acercamiento a la realidad ciudadana y su toma de posición, los jóvenes han puesto el acento en la espiritualidad y la oración.
El nombramiento de Ricardo Blázquez como obispo de Bilbao hace 15 años generó unas suspicacias similares a las que ha levantado su sucesor, quizá con un tinte todavía más político. El anterior prelado, sin embargo, no alteró las reglas de funcionamiento de la comunidad y supo gestionar su diócesis sin sobresaltos, hasta el punto de que fue despedido con honores. A un reto similar se enfrenta ahora Iceta. Los diocesanos críticos de Vizcaya, contrarios a un nombramiento para el que consideran que Roma no les tuvo en cuenta, ya le advirtieron de que no iban a respaldarle si no respetaba la tradición participativa de la comunidad.La advertencia se ha quedado solo en eso, por ahora, a la espera de las acciones del obispo. "Acaba de aterrizar y aún es demasiado pronto para poder evaluar su gestión. Hace falta tiempo para ver cómo evolucionan las cosas", asegura un relevante diocesano, partidario de la reflexión conjunta y del "respeto" mutuo para favorecer la convivencia que hasta ahora se ha impuesto. No son pocos quienes consideran que Iceta "tiene la cintura necesaria" para acoplarse a su diócesis y entenderse con su comunidad. A su juicio, resulta previsible un giro conservador desde el punto de vista teológico, que no tiene por qué afectar a las formas de trabajo tradicionales y a los sistemas de representatividad interna.
Las primeras palabras de Iceta han sido de aliento hasta para el sector más contestatario, cuyos principales recelos se han visto desbaratados por las promesas del obispo, quien ya en su toma de posesión el pasado 11 de octubre anunció su intención de "ser el servidor de todos" y que de puertas hacia dentro ha descartado cambios radicales.
Incluso entre los detractores de su nombramiento se le considera una persona "inteligente, buena comunicadora y dinámica", capaz de limar asperezas, que además ha asumido con ilusión su cargo. Su reto consistirá ahora en encajar su proyecto de gestión interna y relaciones externas en una comunidad plural.
La presión a la que el nuevo prelado de Bilbao se ha visto sometido por parte del sector crítico resulta similar a la que en su momento se le planteó a Blázquez, más como aviso que como una amenaza. Ya en junio pasado, cuando se veía como muy posible que Iceta fuera nombrado al frente de la diócesis, cerca de 700 feligreses vizcaínos rechazaron su figura y pidieron que se les tuviera en cuenta a la hora de proponer un candidato.
Ante la nula repercusión de su demanda, unos dos centenares de ellos se concentraron en la calle en julio para reclamar "la palabra" frente a la censura de la Iglesia Católica. Confirmada su consagración, sin embargo, guardaron silencio y han supeditado las posibles nuevas protestas a la actitud del prelado.
La situación no resulta análoga en Guipúzcoa. Ambos nombramientos responden a una misma línea eclesial, pero los perfiles de Iceta y Munilla difieren. Aunque vizcaíno y euskaldun, el primero se ha forjado como presbítero en Córdoba, de cuya diócesis llegó a ser vicario general y donde supo granjearse el apoyo popular. El obispo de San Sebastián, en cambio, se formó como cura en su propio territorio, al que ha vuelto tras su etapa como prelado de Palencia. "Nunca destacó por su participación interna en la comunidad", asegura un laico de la provincia, como ejemplo de que su perfil no se ajusta a la demanda de "tener en cuenta a las bases".
Hay quien, "sin ánimo de ofender" y de un modo gráfico, define incluso a ambos como "un toro y una vaquilla". Munilla sería el primero, pues "va derecho hacia su objetivo, no tuerce el cuello y se lleva por delante lo que encuentre a su paso", indica un reconocido sacerdote. "Iceta, en cambio, es más flexible y proclive al debate para favorecer el consenso".
Los primeros hechos de uno y otro parecen refrendar tal opinión. El prelado donostiarra está a punto de cumplir su primer año de mandato, tiempo escaso para analizar en profundidad su gestión, aunque suficiente para provocar los primeros rifirrafes.
La decisión del franciscano José Arregi de colgar los hábitos por sus profundas discrepancias con el obispo ha sido solo la punta de un iceberg con varias caras, entre las que también sobresalen la progresiva reducción de la presencia del euskera en las intervenciones de Munilla o la polémica en torno a la figura del teólogo y ex vicario general José Antonio Pagola, cuyo libro Jesus, aproximación histórica fue retirado de las librerías. Esta medida motivó la protesta de unos 250 sacerdotes, al entender que respondía a presiones del sector más conservador de la Iglesia. Numerosos roces para tan poco tiempo, que han desbaratado las ilusiones del poderoso laicado guipuzcoano tras la apertura impulsada previamente por José Maria Setién y Juan María Uriarte.
Hasta el propio Munilla lamentó públicamente en septiembre pasado el "espectáculo de falta de unidad" que, a su juicio, había dado la diócesis. Aclaró entonces que cometería un error si dejase de lado el diálogo y adoptara actitudes "impositivas" por "fidelidad a la verdad", aunque matizó que resultaría igualmente erróneo permitir que se haga "una religiosidad a la carta" en nombre del pluralismo. Lo cierto es que la polémica ha remitido desde entonces, al menos en el plano público.
El escenario eclesial vasco no resulta ajeno a los conflictos que también se han sucedido en otros lugares de España ante los nombramientos de nuevos obispos que han resultado polémicos en más de una ocasión. La particularidad de Euskadi radica en la juventud de sus dos principales prelados, lo que puede dar pie a largos mandatos que podrían quebrar la unidad de sus respectivas comunidades diocesanas en caso de que aumentase la falta de entendimiento.
La única excepción es Álava, territorio donde no se ha abordado el relevo del máximo responsable de la diócesis, Miguel Asurmendi (70 años), en el cargo desde 1995, y en el que las polémicas, menos relevantes, quedan en el ámbito interno.

Vitoria

Es la única diócesis de Euskadi que no ha afrontado el relevo de su obispo este año. Miguel Asurmendi (Pamplona, 1940) ejerce desde 1995 con prelado de la capital alavesa. Anteriormente había estado al frente de la diócesis de Tarazona. El territorio vasco menos poblado, pero más extenso, cuenta con un total de 422 parroquias integradas en 16 arciprestazgos. Estos, a su vez, configuran cinco zonas pastorales. La diócesis abarca 3.300 kilómetros cuadrados que incluyen el enclave vizcaíno de Orduña y el burgalés de Treviño.

Bilbao

Mario Iceta Gabicagogeascoa (Gernika, 1965) fue nombrado obispo auxiliar de Bilbao en febrero de 2008 y titular del cargo el pasado 24 de agosto, en sustitución de Ricardo Blázquez. Tomó posesión el 11 de octubre instando a la unidad. Su diócesis se divide en siete vicarías territoriales, que suman casi 300 parroquias. Los sacerdotes incardinados son 373, de los que 29 ejercen en comunidades del resto de España o del extranjero. De igual modo, residen o trabajan en Vizcaya 19 sacerdotes extradiocesanos.

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