miércoles, 19 de abril de 2017

Nota para las cúpulas de la Iglesia de Euskalerria


Ante las diversas opiniones y datos que se dan a conocer en las redes, es bueno que vayamos tomando nota y nos posicionemos para bien de una Iglesia que debe ser significativa, actual y hospital de campaña...


EL OBISPO DE GASTEIZ ROMPE LA "UNIDAD"
Brecha en la jerarquía de la Iglesia vasca por su papel en el desarme de ETA
El obispo de Gasteiz, Juan Carlos Elizalde, se desmarca de Munilla y apoya la mediación eclesial en el final de la banda

HUMBERTO UNZUETA - Jueves, 13 de Abril de 2017 -

BILBAO. El obispo de Gasteiz, Juan Carlos Elizalde, rompió ayer la hasta ahora aparente unidad de la jerarquía eclesiástica de la CAV en torno al papel de la Iglesia vasca en el proceso de desarme de ETA desarrollado en los últimos meses y culminado el pasado sábado en Baiona. El prelado se salió ayer de la estela que había marcado el obispo de Donostia, José Ignacio Munilla, con su posición contraria a la implicación eclesial en la entrega de armas y a la presencia del arzobispo de Bolonia, Mateo Zuppi, como observador y fedatario del proceso.

Con motivo de la eucarístia del Miércoles Santo en la Misa Crismal, Elizalde pronunció una homilía en la que aseguró que su diócesis está impulsando un nuevo proyecto de paz y reconciliación en Euskadi. No hizo referencia expresa a la operación de entrega de armas, ni a la presencia de Zuppi, ni al final de ETA, pero en su plática coló de rondón un mensaje sobre lo sucedido: “En el nuevo escenario la Iglesia quiere seguir ayudando al proceso de paz y yo me alegro y por eso apoyo todas las mediaciones eclesiales e iniciativas compatibles”. Además, afirmó que éste es un objetivo en el que hay que “sumar” y no “restar”, y destacó la “etapa histórica que estamos viviendo” en Euskadi.

En la homilía, recordó que la diócesis de Gasteiz, desde el Secretariado Social, está impulsando y “dando forma” al proyecto Paz y Reconciliación, una iniciativa puesta en marcha con el objetivo de consolidar la convivencia en Euskadi tras el cese definitivo del terrorismo en 2011. En este sentido, añadió que “nos espera un largo camino en el que no podemos ni desanimarnos ni restarnos, sino sumarnos”.

El recado es meridianamente claro y el destinatario también, el obispo Munilla. El prelado de Bilbao, Mario Iceta, aún no se ha pronunciado al respecto, aunque a mediodía de hoy oficiará la misa crismal que se celebrará en la catedral de Santiago, en la capital vizcaina.

La reflexión de Elizalde llega apenas tres días después de que el obispo de Donostia cuestionara la presencia del arzobispo de Bolonia y miembro destacado de la comunidad de San Egidio, Mateo Zuppi, en el desarme de ETA. Munilla negó que la Iglesia estuviera presente en la entrega de los arsenales y aseguró que el mitrado italiano asistió “por su cuenta y riesgo” a los actos del desarme. Ese mismo día, la Oficina de Prensa del Vaticano manifestó que la presencia de Zuppi fue “a título personal y no en representación de la Santa Sede, ni como arzobispo de Bolonia”.

Munilla llegó incluso a afirmar que Zuppi no tenía “bendición explícita ni implícita de la Santa Sede” para estar en el acto de desarme de ETA en Baiona, sino que “lo hizo por su cuenta y riesgo”. Además, se arrogó la representación de los otros obispos vascos y, de facto, ejerció de portavoz de los mismos al expresar su “sorpresa” y la del resto de los prelados vascos por la presencia de Zuppi en Baiona, acompañado por Harold Good. El sacerdote metodista norirlandés intervino en su día como mediador en el desarme del IRA junto con Alec Reid, otro religioso irlandés que en la pasada década se implicó en la resolución del problema vasco e, invitado por Elkarri, realizó varias visitas a Euskadi para reunirse con agentes políticos y sociales vascos. Zuppi y Good actuaron como testigos en el Ayuntamiento de la capital labortana de la entrega por parte de Etcheverry al jefe de los verificadores internacionales, Ram Manikkalingam, de la documentación correspondiente a la localización del arsenal de la banda.

Zuppi es uno de los dirigentes más significados de la comunidad de San Egidio, una congregación religiosa con experiencia en otras mediaciones entre ETA y el Gobierno español en los años 90, aunque aquellas se frustraron porque la banda sospechó de que sus reuniones con los religiosos estaban siendo vigiladas.

El sacerdote italiano no se ha pronunciado sobre la polémica y, una vez de regreso a su arzobispado, ha evitado la exposición mediática. Sin embargo, la comunidad de San Egidio sí ha ofrecido explicaciones sobre su presencia en las operaciones de desarme. En un comunicado, el martes defendió la actuación del prelado y señaló que acudió al acto de entrega de las armas de ETA como “testigo moral”. Justificó su presencia por la autoridad y el conocimiento de Zuppi en este tipo de procesos ya que es “conocido por haber participado en varios procesos internacionales de reconciliación”.

Las declaraciones de Munilla causaron extrañeza en las filas del PNV y ampliaron la brecha existente entre este partido y una parte de la jerarquía de la Iglesia de la Comunidad Autónoma Vasca, especialmente con el obispo de Donostia. El presidente de esta formación, Andoni Ortuzar, aseguró el martes sentirse “más cerca de Mateo Zuppi que de los obispos vascos” en su visión del desarme de ETA y se manifestó “perplejo” como creyente y como católico con las afirmaciones de Munilla.

ACLARACIÓN DE ELIZALDE

A última hora de ayer, el obispo Elizalde envió a los medios un comunicado para aclarar que sus palabras “estaban referidas a las iniciativas del proyecto Paz y Reconciliación” y añadió que “en absoluto se referían a otros ámbitos políticos”. Asimismo, señaló que es “totalmente falso que existan versiones divergentes entre los obispos vascos, navarros y de Baiona en esta materia” y subrayó que hay una “plena y fecunda” comunión y sintonía entre ellos. “Hago esta aclaración, para salir al paso de interpretaciones equivocadas, que nada tienen que ver con la intención de mis palabras”, apostilló. A renglón seguido, el prelado reprodujo el párrafo que motivó su aclaración tal cual lo expresó en la homilía.

viernes, 14 de abril de 2017

Armagabetzeaz


Jose Mari Kortazar,
cura en Arratia y miembro del Foro de Curas de Bizkaia.


  1. Papel más proactivo?

La Iglesia en Bizkaia, creo yo, tiene dos corazones, dos sensibilidades.
El pasado 4 de marzo tuvo lugar en Zornotza el encuentro por la Paz—Bake Topaketa 2017, donde unas doscientas personas participaron en la jornada en la que se compartieron testimonios sobre el lema propuesto: «Bakerako zubilana – Sus heridas nos han curado».

Se escucharon a víctimas del terrorismo como también tuvo lugar un taller sobre la tortura. Estuvo presente Iceta pero no sé si luego habla mirando a la Iglesia de Bizkaia o a no quemar su prestigio como obispo mirando también a Madrid.

A nivel más sencillo, la Iglesia de Arratia organizamos una conferencia a cargo de Aintzane Ezenarro, directora del Instituto Gogora, que dejó un buen sabor de boca y es una prueba más de una Iglesia que quiere ser puente más que muro.

Este es un tema en el que Iceta no se encuentra cómodo y lo delega en la Comisión Diocesana de Paz y Reconciliación que la anima magistralmente el jesuita Manu Arrue.

Sólo así se pueden entender sus desafortunadas declaraciones junto a Munilla y  Elizalde, la ausencia de citar las víctimas de la tortura, etc.

A veces los veo como los patrones de una trainera empeñados en dar una ciaboga a una historia de años y no encuentran en sus diócesis suficientes remeros para nuevas rutas, y los que han traído de importación, tampoco están cómodos en este terreno de olas y marejadas muy criticadas desde la península.


  1. La presencia de Zuppi y la ausencia de los obispos de Euskal Herria

En la convocatoria de los autodenominados artesanos por al paz, ya estaba la representante del movimiento cristiano de Iparralde Atxik Berrituz como portavoz.

Yo le agradezco a Zuppi   no sólo su presencia en Baiona, lo más subrayado, sino su discreto trabajo de años por el desarme y la desaparición de ETA. No me parece posible que se haga presente sin el visto bueno de altas instancias del Vaticano. No es un párroco que se acerca a un encuentro sino un señor arzobispo que apoya el proceso desde hace tiempo.

¿Puede un obispo cristiano estar  contra el desarme organizado y total? No. Otra cosa es que se haga presente y por qué no se les ha invitado.

La vía Parolin, un hombre de confianza del actual Papa Francisco, parece que es  la que más recorrido ha tenido esta vez, en lugar de la autopista vía Madrid que lleva tiempo cerrada, pero que muchos obispos la ven como escalera de promoción eclesial, lo más contrario a ese Jesús que el Jueves Santo se levanta, se despoja de sus mantos y prestigios y se pone a lavar los pies de víctimas de ETA y de la tortura, por poner dos ejemplos.

miércoles, 5 de abril de 2017

A los 80 años de los siete muertos en Zeanuri, 1937.04.07



Jose Mari Kortazar
 

Fallecidos el 7 de abril de 1937 en Zeanuri

Florencio Etxebarria, pastor, Beretxikorta
Ramón Etxebarria, pastor, Beretxikorta
Jesús Urutxurtu, niño, Plaza
Esteban Astondoa, labrador, Zulaibar
Benito Atutxa, párroco de Zeanuri, Plaza
León Zuluaga, baserritarra y concejal nacionalista, Plaza
Vicente Ocerinjauregui, franciscano, Altzua. Su cadáver no se ha encontrado todavía.

 Hilten banabe, lehenago zerure


“Si me asesinan, antes (iré) al cielo”. Esta frase que decía Don Benito párroco de Zeanuri, en aquellos tiempos convulsos de la guerra civil, se convirtió en profética. La parroquia de Andra Mari Zeanuri recordará a las 7 víctimas mortales del día 7 de abril en su ochenta aniversario. Este año Domingo de Ramos, 9 de abril, en la misa de 11:30.


Don Benito Atutxa Agirrelezeaga nació un 21 de marzo de 1882 en el caserío Lezea, hijo de Donato y Micaela, según nos recuerda Don Pedro Atutxa en un cuadro, con su fotografía y una reseña de su vida, visible en una pared de la sacristía de la Parroquia de Santa María de Zeanuri.

Don Benito, entre otras obras, fue el propulsor de ampliar la ermita de Igiriñao, en el Gorbea.


Gorbeiako baseliza handitzeko asmoa

Baselizatxo hau benetan txikia zan, barruan bi lagunentzako tokia baino ez egoan-eta. Hori dala-ta –halaxe gogoratzen deusku Gurutzi Arregik- On Benito de Atutxak baseliza handiagoa egiteko baimena eskatu eban, “txangozale eta inguru haretako bizilagun apalentzat”. Planoak ere gordetzen dira Labayru Ikastegian; baita baimen-eskaria eta dirua batzeko propaganda-batzordearen datuak ere; baina ahalegina bertan behera geratu zan.


Baseliza barrirako dirua batzeko Batzordea:

Benito de Atutxa (Zeanuriko parrokoa)
Concepción Gangoiti de Uriarte
Isabel Azkue de Belausteguigoitia
Juana Chalbaud de Rotaeche
Antón de Echevarria (Gorbeiako artzaina).
Zeanuri, 1931ko bagilla



lunes, 3 de abril de 2017

Franciscanear




Xabier Larramendi - Sábado, 1 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h.



Franciscanear: dícese de quienes “hacen como si” estuvieran identificados y en sintonía con el actual papa Francisco. De fachada e imagen pública van de “franciscanos”, pero, en realidad, viven con desagrado y en desacuerdo interior y práctico con los gestos, la orientación pastoral y el modelo de Iglesia del actual Obispo de Roma. Esperan a que se cierre el tiempo del papa Francisco a fin de volver a la situación eclesial que le precedió. Francisco, para algunos, particularmente obispos, es un mal sueño, un paréntesis del que esperan liberarse cuanto antes. La renovación de la Iglesia que quiere el papa Francisco está amortiguada, silenciada, boicoteada en muchos niveles. Las Diócesis vascas caminan sin aliento renovador, “castradas” por unos obispos que se aferran al pasado, a un pasado nada sinodal, corresponsable, como proclama y desea el papa. Y es que no pueden dar aquello de lo que carecen. Para muestra he aquí un “botón”, acaecido entre nosotros y claro exponente de lo que digo.

La Facultad de Teología de Vitoria celebra este año el 50º Aniversario de su apertura en 1967. Con este motivo, el Consejo de Facultad se ha venido reuniendo en diversos momentos para decidir los diferentes actos que se organizarán a lo largo de este año. Hace ya algunos meses, este Consejo, presidido por el Obispo de la diócesis alavesa, Juan Carlos Elizalde, trató de la posible concesión del título de Doctor Honoris Causa de la Facultad. Después de considerar diversos nombres, la mayoría se decantó, por razones diversas, por proponer la persona de D. José Antonio Pagola. Propuesta que no pareció agradar en absoluto al Obispo Elizalde. Por eso, se consideró oportuno madurar más la decisión y tratarla en la siguiente cita.

Esta reunión se celebró el 6 de marzo. Desde el comienzo, sin esperar a ninguna otra consideración, el Obispo manifestó su decisión. Después de consultar, según dijo, al Obispo de San Sebastián y al de Bilbao y a algún otro miembro de la jerarquía, expuso que el nombramiento del teólogo Pagola como Doctor Honoris Causa provocaría graves tensiones que no estaba dispuesto a asumir. Por ello, descartado Pagola, propuso el nombre de D. Saturnino Gamarra, profesor emérito de la Facultad, en la que ha sido profesor desde sus comienzos y director de la revista sacerdotal “Surge” durante muchos años.

El debate que siguió a continuación fue muy vivo y se prolongó más de lo esperado. ¿Qué tensiones podía provocar la propuesta de D. José Antonio? ¿Por parte de quiénes? La Congregación romana de Doctrina de la Fe se ha pronunciado afirmando que la obra de Pagola no contiene ninguna doctrina herética contraria a la fe. ¿Qué es lo que puede molestar ahora? ¿La decisión de la Facultad de Vitoria o la sentencia de Roma? ¿Qué se oculta detrás de esa objeción al teólogo guipuzcoano?

Se volvieron a presentar de nuevo los motivos para la propuesta a favor de D. José Antonio Pagola: su largos años de profesor de Cristología en la Facultad, sus incontables cursillos y cursos opcionales sobre Jesús, sus intervenciones abiertas a todo el público de la ciudad de Vitoria-Gasteiz siempre que se le ha llamado... Se señaló también su proyección internacional con motivo de su libro Jesús. Aproximación histórica, traducido ya a una docena de lenguas, entre otras al inglés, japonés, chino y ruso, y se recordó también el maltrato recibido en importantes sectores de la Iglesia española. Al parecer el debate fue muy fuerte y se llegó a hablar de la falta de audacia para defender la propuesta del teólogo donostiarra. Por último se decidió no conceder e nadie el título de Doctor Honoris Causa.

Esto es lo ocurrido. Estoy convencido que estos Obispos, si pudieran o se atrevieran, corregirían al propio papa Francisco pues, efectivamente, escuchándole con asiduidad y atención, da la impresión de que se ha podido inspirar en alguna obra de D. José Antonio Pagola o que, por lo menos, presenta en sus mensajes muchas similitudes con su obra acerca de Jesús.

Sinceramente, si reconocer los indiscutibles méritos de D. José Antonio Pagola en nuestras Iglesias puede ser, según estos Obispos, motivo de tensión, exigiría, a quien se sienta tensionado por ello, que lo diga abiertamente. Por otro lado, si la obra de Pagola, todavía hoy, se les indigesta a los Obispos de San Sebastián, Bilbao y Vitoria, quiere decir lo lejos que están del papa Francisco y qué lejos están del Pueblo de Dios a ellos encomendado. Y en esa lejanía del jerarca que no sintoniza con su pueblo cuánto sufrimiento, abandono y pérdida de tiempo originan en nuestras iglesias. Es de pena y escandaloso. Me parece que más que un problema de fe o eclesial nos encontramos, incluso, ante un déficit de calidad humana. ¿Qué talla humana demuestran tener quienes no son capaces de agradecer el ingente trabajo teológico y pastoral que D. José Antonio Pagola ha desarrollado durante su ministerio?

Ciertamente, todos podemos “franciscanear”. Pero lo de los obispos es mucho más grave. Si un obispo no sintoniza ni con su pueblo ni con aquel que es en este momento el que preside la Iglesia Universal, ¿qué pinta? ¿Qué credibilidad puede tener ante su Diócesis?

PASADOS DE FRENADA




Hay numerosos indicios de que el nombramiento de los actuales obispos de las cuatro diócesis de la Euskal Herria peninsular ha sido consecuencia remota de un acuerdo entre la Brunete episcopal: el cardenal Rouco Valera y alguno de sus adláteres, y la Brunete del Partido Popular: Mayor Oreja, entonces ministro del Interior y miembro destacado de la Asociación Católica de Propagandistas en torno a cuyo foro, al que acudieron en bloque los tres obispos de la Comunidad Autónoma Vasca y entorno a cuyo foro se realizó la entrevista conjunta de los obispos vascos a que me voy a referir a continuación.


Fruto de ese probable pacto para la reconducción del delicado problema vasco a los parámetros propiciados por el gobierno del PP, entonces presidido por José Mª Aznar, parece que se acordó (¿a cambio de qué?) que los obispos, en lugar de aportar luz, se mantendrían en silencio respecto del denominado ‘problema nacional vasco’ (¿se enciende un candil para meterlo debajo de la cama?) y hasta, si era el caso, incluso se decantarían sibilinamente a favor de las tesis del Partido Popular.

Y en esas seguimos, con el agravante de que los actuales obispos vascos, elegidos a tenor de este acuerdo, en más de una ocasión, al tratar el tema ‘vasco’, son tan fieles al compromiso adquirido —se trata de no perder comba de cara a futuras promociones— que hasta se pasan de frenada. A las pruebas me remito.

El pasado viernes 24 de marzo los tres obispos de las diócesis de la Comunidad Autónoma Vasca hicieron una entrevista conjunta en la que, entre otras cuestiones, responden a las preguntas que se les hacen sobre la reconciliación de la sociedad vasca.
La respuesta de los obispos es un calco de las tesis del ex-ministro del interior Sr. Fernández Díaz, reconocido por sus posicionamientos extremistas y que está en trance de ser inculpado por sus tretas contrarias a la ley, por lo que ha sido de los pocos ex ministros relegados en el nuevo gobierno del PP.

martes, 28 de marzo de 2017

A los obispos vascos

De: Joseba Azkarraga

Si. Es a ustedes, Sres. Iceta, Munilla y Elizalde, a los que quiero dirigirme. Lo hago desde mi posición ajena a cualquier Iglesia, y por tanto, también, a la que Vds. representan. Pero soy consciente de la importancia de su Iglesia en una gran parte de nuestro Pueblo. Y es por ello que no puedo permanecer ajeno, ni a sus silencios cómplices, ni a sus declaraciones contemporizadoras con el poder político.

Una vez más, y van muchas, están representando con sus declaraciones a una parte de su Iglesia, de sus fieles.
Unen sus voces, también una vez más, a los que exigen a ETA, que dé más pasos. Que tiene que disolverse, ya que según ustedes, ni la declaración de hace cinco años anunciando el fin de su actividad violenta, ni la que va a producirse el próximo día 8 de abril, con el desarme, son suficientes. Quieren más y más. ¿Hasta cuando, Sres.obispos? ¿Que será lo último que ustedes, les pidan? ¿La delación? ¿El arrepentimiento?

Pero dicen más, dicen que «reconocer el daño causado puede encubrir una estrategia política si no hay arrepentimiento».

Veo lógico que ustedes hablen de «arrepentimiento», es la clave en el funcionamiento de su iglesia.
Olvidan que víctimas de la violencia de ETA han repetido, en diferentes ocasiones, que el arrepentimiento es un planteamiento cuasi religioso, y que lo que ellas quieren es justicia y reparación. Que no necesitan el arrepentimiento, para nada.

Pero ustedes, sí, ustedes, se han embarcado en esa dinámica cruel de buscar un escenario de vencedores y vencidos, y en esa actitud, creo que habrá muchos fieles de su iglesia que no se sentirán representados.

Ustedes han renunciado conscientemente a jugar un papel necesario en favor de la consolidación de la paz en nuestro Pueblo. Se han posicionado de parte.

¿Por qué su silencio ante la práctica de otras violencias que se han venido ejerciendo en nuestro Pueblo? ¿Por qué nunca han levantado su voz y han denunciado a ese Poder político y judicial que continuamente está vulnerando los derechos de los presos y presas vascos y sus familias?

lunes, 27 de febrero de 2017

Presbíteros en las Comunidades y Eucaristía



Introducción

Dom Demetrio Valentini es una de las figuras más valientes del episcopado brasileño, desde que era el obispo encargado de la Pastoral Social y presidente de Cáritas Brasileña. Ahora, como obispo emérito, está libre para abordar temas congelados, proponer medidas de revisión sobre disciplinas que se están volviendo obsoletas y ser fiel a la evolución de la doctrina, como indicaba el gran John Henry Newman. Vive proféticamente en tiempos Francisco, el nuevo clima de una iglesia "semper reformanda".


Dom Demetrio pide que la CNBB (Comisión Nacional de Obispos de Brasil) reflexione sobre laicos que puedan presidir la Eucaristía
Fuente: A 12. Por Elisangela Caballero, 14 de Febrero de 2017 a 16h43.

El obispo emérito de Jales, Dom Demetrio Valentini, dijo durante su homilía en el Santuario Nacional de Aparecida, en la mañana del martes (14) que la Iglesia en Brasil necesita reflexionar sobre la cuestión de los católicos que no tienen acceso a la Eucaristía con frecuencia. El obispo sugirió para resolver este problema la elección de laicos comprometidos en la vida de la comunidad para asumir esta tarea de presidir la Eucaristía. El obispo estaba en el santuario debido a la celebración del 25 aniversario de la Asociación Nacional de Presbíteros de Brasil.

"¿Somos una Iglesia que comparte el pan, o una iglesia que somete a sus comunidades a la escasez que lleva a su debilidad y a la propia disolución eclesial?", dijo el obispo, que hizo memoria de un discurso del Papa emérito Benedicto XVI en Aparecida durante el CELAM.

"Sin Eucaristía no hay comunidad cristiana. Así fue afirmado solemnemente aquí en esta basílica por el Papa Benedicto XVI en la apertura de la 5ª Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe. Sin Eucaristía no hay comunidad cristiana. Entonces, hace falta ahora comprobar qué consecuencias prácticas extraemos de esta verdad tan importante afirmada por el Papa. Y entonces entra de lleno, de nuevo, la cuestión presbiteral ", instó el obispo emérito.

jueves, 2 de febrero de 2017

Sensibilizados



CARTA ABIERTA A D. MARIO ICETA, OBISPO DE BILBAO

Bilbao, a 30 de enero de 2017.


Estimado D. Mario:

El pasado 14 de diciembre participó en un desayuno con los medios de comunicación y personas de cierto relieve en la sociedad de Bizkaia. Aunque ha pasado algún tiempo desde entonces creemos que hay algunos puntos de su intervención que mantienen actualidad y mucho interés por lo que querríamos comentarlos con Ud. Quizá sean materia para un diálogo posterior.

Es destacable la referencia al nuevo Directorio de la Iniciación cristiana (¿no está siendo demasiado lenta su promoción en toda la diócesis?) y al objetivo del Plan respecto al encuentro personal y comunitario con Dios. Nos llama mucho la atención que no cite el clamor diocesano respecto a la ineludible renovación del lenguaje litúrgico y catequético. Esa renovación fue una de las principales conclusiones del discernimiento del V PDE. ¿Cómo es que no lo menciona?

La llamada a la comunión diocesana, más allá de la realidad territorial o institucional propia, es realmente oportuna y aspecto fundamental del PDE. El obispo es el primer servidor de esa comunión diocesana, con la ayuda de los vicarios. ¿No hay aquí una seria interpelación para Ud. mismo y sus más próximos colaboradores? ¿No se podría decir y hacer algo más?

La pregunta por quiénes serán los evangelizadores de mañana en Bizkaia suscita otras muchas cuestiones que están esperando una respuesta clara y valiente. ¿Es cierto que la economía diocesana no permite el nombramiento de más laicos y laicas con encargo pastoral y remuneración? ¿Cómo tendríamos que entender que todavía haya muchas realidades pastorales sostenidas por compañeros jubilados y sin horizonte de relevo? ¿Sigue siendo normativo que los presbíteros que alcanzan la jubilación civil sólo asumirán responsabilidades de segundo nivel? ¿Qué se está haciendo para desatascar la creación de Unidades Pastorales en las que existen parroquias encomendadas a religiosos? ¿Para cuándo la reconversión o el cierre de algunas parroquias en zona urbana? ¿Hay realmente una jerarquía de actividades pastorales para nuestro contexto de misión? ¿Cuánto esfuerzo dedicamos a tareas con personas ya integradas —de diversas formas— en la comunidad y cuánto a la propuesta de fe, a la convocatoria, a sumar nuevos cristianos? ¿No es cierto que gastamos mucha energía en devociones de otros tiempos y olvidamos lo que ahora mismo debiera ser prioritario?

Estamos de acuerdo en lo que se dice respecto del compromiso diocesano en cuanto a la economía y el trabajo. Igualmente en lo referido a antiguas y nuevas pobrezas.  Ahora bien, ¿no es verdad que la situación está reclamando una más nítida denuncia del sistema de mercado (auténtico ídolo colectivo) y no sólo de sus consecuencias? ¿No estamos desperdiciando las posibilidades de formación y motivación social que todavía conservan nuestras parroquias, centros educativos y otras realidades de Iglesia? ¿No es cierto que muchos fieles no son todavía conscientes de la dimensión social y política de su opción por Jesucristo? ¿No estamos demasiado silenciosos?

El compromiso diocesano con la cultura y más específicamente con el euskera fue en una época más que notable. Estamos de acuerdo. ¿Puede decirse lo mismo del Seminario de hoy? ¿Hay suficiente motivación y recursos para su aprendizaje por parte de quienes serán los curas de una comunidad diocesana bilingüe?

Nos parece muy destacable en su intervención el apartado dedicado a la “minorización” de la Iglesia de Bizkaia. Dado que este aspecto no se encuentra en la versión escrita de que disponemos imaginamos que fue parte del diálogo posterior. Por otra parte ha sido lo más subrayado por los medios. Agradecemos que hable sin tapujos ni maquillajes: somos menos, vamos a ser menos, nos estamos achicando… Seguramente es lo mismo que se quería decir con aquello de la “debilidad del sujeto eclesial”. La pregunta es si estamos preparándonos realmente para esa nueva situación. ¿Seremos capaces de abandonar todo estilo triunfalista? ¿Sabremos discernir cuáles son los rasgos de identidad irrenunciables, hoy y aquí, en un contexto que es similar al del exilio bíblico? ¿Despertaremos en nosotros mismos una actitud testimonial que busca y ofrece la palabra oportuna en lo cotidiano? ¿Evitaremos la tentación del gueto? ¿Será Ud. mismo un agente comprometido en la transformación de mentalidades y prácticas que esta situación requiere? 


Muy agradecidos por su atención, aprovechamos para saludarle. 


FORO DE CURAS DE BIZKAIA – BIZKAIKO ABADEEN FOROA

lunes, 23 de enero de 2017

Un libro escrito con valentía, lucidez y claridad



Jesús Martínez Gordo, en PPC
"Estuve divorciado y me acogisteis"


Andrés Torres Queiruga

Hay libros que, si no existen, deben ser escritos. No es tópico decir que tal es el
caso de este ensayo de Jesús Martínez Gordo. Lo necesitábamos para hacer claridad sobre una situación extraña, extrañísima. Una iglesia en claro trance de normalización y entrando en un elemental sentido de realismo histórico, aparece agitada por choques inesperados y asombrada por el ruido de gritos incomprensibles.

Cardenales serios y solemnes se tiran al monte, en un desafío sin precedentes, impensable hace muy pocos años. Ellos, que han callado durante tres décadas de restauración, proclamando casi como norma suprema la obediencia al papa, con un estilo en el que, escala abajo, participaron y ejercieron sin dejar opción a la réplica ni al disenso más responsable, de repente asumen aires demócratas e incluso están dispuestos a romper su propia regla. Lo hacen frente a un papa que, finalmente, aparece en la iglesia y ante el mundo con sentido común, voluntad democrática y corazón evangélico. Y se acuerdan ahora del diálogo, el debate y la participación, e incluso amenazan con amonestarlo y, si fuese necesario, con deponerlo.

Tomo este gesto último, incomprensiblemente histriónico, como signo y síntoma de una situación oscura, de resistencias ratoniles alérgicas al movimiento y cerradas a la historia. Ante la llamada a retomar el Concilio y dejarse llevar por el viento del Espíritu, buscando una iglesia abierta a la misión y fiel al Evangelio, persiste en muchos la nostalgia de las cebollas de Egipto: una iglesia clausurada en sí misma y poniendo el código en el lugar del corazón para juzgar al hermano con un moralismo tan cruel como obsoleto, oscureciendo así la luz del Evangelio y taponando con legalismo el fluir infinitamente generoso de la misericordia divina. El mundo -escribió alguien tan poco sospechoso en este punto como Jean Paul Sartre- espera un Creador, un Dios digno de los anhelos más íntimos del alma humana, e insisten y persisten en darle un gran Jefe, que controle la libertad, ignore el sufrimiento y mate la alegría de vivir.

Espero que se me disculpe este desahogo. De algún modo era indispensable para explicar por qué considero necesario este libro. Ante todo, y acaso sobre todo, porque arroja una claridad lúcida y una información precisa sobre la situación. De repente, datos que aparecían dispersos y no conectados, personajes de los que sonaba el nombre pero cuyas ideas no eran bien conocidas, aparecen en su lugar y contexto precisos. Y todo comienza a tomar consistencia.

El libro se inicia con una mirada al pasado reciente, es decir, al tiempo en que, de modo lento pero con una coherencia inflexible, se fue cociendo el ambiente donde vino a insertarse el pontificado del Papa Francisco. Desde la Humanae vitae y la crisis de la moral, a través de la domesticación de los sínodos, hasta la renuncia de Benedicto XVI, se formó un horizonte cuidadosamente cerrado a la renovación. Uno de los apartados más lúcidos de este libro -"Orden, doctrina y ley" (pág. 52-56)- presenta la estrategia, bien pensada y rígidamente ejecutada, de la restauración postconciliar: 1) "promoviendo al episcopado sacerdotes que aceptaran, sin dudas ni fisuras de ninguna clase, el magisterio", reforzándolo con un juramento de "devota fidelidad" a sus enseñanzas; junto a esto, "acabar arrinconando a los obispos más abiertos y conciliares"; 2) "una revisión a fondo -lenta pero inexorable- de la capacidad magisterial reconocida por Pablo VI a las Conferencias episcopales"; 3) "dotar de consistencia magisterial a las ‘verdades innegociables', desactivando la autoridad intelectual "particularmente de los teólogos moralistas" y "de algunos eclesiólogos".

martes, 17 de enero de 2017

¿Cuáles son las seis familias de católicos en Francia?



Todos católicos, pero cada uno su práctica. El gran estudio sociológico encargado por el Grupo Bayard y publicado conjuntamente por La Croix y Pèlerin, distingue seis perfiles tipo de católicos comprometidos.



Céline Hoyeau et Yann Raison du Cleuziou, en La Coix (11.01.2017)



LOS FESTIVOS CULTURALES (45% de católicos "enganchados")

Para ellos, Jesús es: el fundador de su religión, un Dios de amor.

Ser católico es: estar bautizado.

Su espiritualidad: la religión es del orden del patrimonio común, que es una parte importante de su identidad. Está allí esencialmente para tranquilizar, para proporcionar protección a sus familias.

Su práctica: Van a la iglesia para los ritos de paso, celebraciones familiares —bodas, bautizos, funerales. Piden ritos en la Iglesia, pero los viven con cierta distancia. Encienden una vela, donan a asociaciones caritativas... Están unidos a la parte cultural, el folclore y las tradiciones (los Belenes, las campanas...). Aprecian bastante la misa en latín.

Su lugar: la parroquia, pero a menudo abandonan la práctica con las agrupaciones parroquiales. Se han comprometido débilmente, pero se los pueden encontrar en la catequesis.

Su sociología: Son de los llamados "no practicantes". Representan la mayor masa de católicos comprometidos. Son del medio popular, pero no sólo.

Sus figuras de referencia: una madrina, la abuela...

Su voto: orientado hacia la derecha; este es el grupo donde tiene el mayor electorado el Frente Nacional, aunque sigue siendo una minoría (22%, que corresponde a la media nacional).

Muy reacios a "La manifestación por todos", tienen un alto nivel de desconfianza respecto de la visión del papa cuyos pronunciamientos sobre los migrantes no aceptan. Los consideran muy hostiles.



LOS TEMPOREROS fraternales (26% de católicos "enganchados")

Para ellos, Jesús es: el ejemplo del amor vivido; están menos unidos a su persona que a los valores que encarna: la generosidad, la hospitalidad, la apertura a los demás.

sábado, 7 de enero de 2017

Silencio



La Palabra era Dios.
SILENCIO
Dirección: Martin Scorsese. País: USA. Año: 2016. Género:Drama. Reparto: Liam Neeson, Andrew Garfield, Tadanobu Asano, Adam Driver, Ciarán Hinds. Guion: Jay Cockcs; basado en la novela “Chinmoku” (Silencio), de Shûsaku Endô


Si algo ha caracterizado el cine de Martin Scorsese es el ritmo frenético de muchas de sus obras. “Casino”, “Uno de los nuestros”, “El lobo de Wall Street”, por ejemplo, están marcadas por un montaje vertiginoso que atrapa al espectador en los primeros minutos y lo sacude hasta el final.

Con “Silencio”, Scorsese retoma el tema religioso tratado ya antes en “La última tentación de Cristo” y “Kundun” para ofrecernos una obra grandiosa, pausada, con un montaje lento que invita a una contemplación hiriente.

En la segunda mitad del siglo XVII, dos jóvenes sacerdotes jesuitas viajan voluntariamente a Japón en busca de un misionero que ha sido referente espiritual en sus vidas y que, tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Al llegar a Japón se encuentran con una comunidad cristiana acogedora y humilde que vive en la clandestinidad y es hostigada con agresividad. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos.

A lo largo de todo el extenso film se van oyendo varias voces en off que rezan, se preguntan, manifiestan sentimientos… todas esas voces contrastan con el pesado silencio de Dios, que parece impasible ante el sufrimiento.

El problema del mal, presente siempre en la Teología, es presentado con toda la desnudez. ¿Es lógico creer en un Dios que calla ante del dolor de los que quieren serle fieles?, ¿Dios quiere una fidelidad que lleva a la muerte o se decanta por una apostasía que salva vidas? El joven padre Rodrigues vivirá un Getsemaní terrible en el que hasta su figura atormentada irá pareciéndose a un Ecce Homo… sus preguntas angustiosas chocarán con el silencio de Dios.

Hoy sigue habiendo persecución contra los cristianos en muchos lugares; en nuestro mundo acomodado van llegando noticias e imágenes de la tortura, la cárcel y las ejecuciones que se siguen dando. A la vez que nos muestra la persecución, “Silencio” lleva a la pantalla la grandeza de los sacramentos, la fuerza del perdón y la autenticidad del seguimiento de Cristo. Para nuestro cristianismo, excesivamente burgués, domesticado e inofensivo, el film se Scorsese tiene que ser necesariamente una provocación.

No es un film para todos los paladares; su estilo espiritual y su tono intimista y profundo hacen que pueda ser saboreada fundamentalmente por personas con un afán de búsqueda interior.

Una película dolorosa, discursiva y reflexiva, una llamada a la reflexión sobre las consecuencias de la coherencia de la fe; una película cuyo visionado obliga a salir de la sala en silencio.

JOSAN MONTULL

miércoles, 4 de enero de 2017

Francisco, en el banquillo de los acusados



     Puede parecer un titular cruel, al tratarse de una persona que acaba de cumplir 80 años, pero, guste o no, es lo que hay.


     Es bien conocida la reforma eclesial en la que está empeñado Francisco: con los pobres y con los crucificados de nuestros días en su reclamación de tierra, techo y trabajo; a favor de una nueva unidad entre los cristianos entendida como comunión en la diversidad; impulsando una transformación de la curia vaticana que la acabe recolocando en relación de dependencia con un gobierno cada día más colegial y corresponsable y, finalmente, revisando la moral sexual, hasta ahora vigente, desde el primado de la misericordia como la verdad primera y fundamental del Evangelio.

     Y también es de sobra conocido cómo, a partir de ese momento, las aguas no han parado de bajar revueltas hasta acabar emplazando públicamente al papa, el pasado mes de noviembre, por una supuesta negligencia en su responsabilidad de defender la fe. El encargado de ello ha sido el cardenal estadounidense R. L. Burke en nombre de otros tres colegas: los alemanes W. Brandmüller y J. Meisner y el italiano C. Caffarra. Finalizadas las fiestas de Navidad, ha declarado, podrían pedir públicamente al papa que se corrigiera de las “confusas” directrices impartidas en la carta postsinodal “Amoris laetitia” ya que perciben una ruptura “con lo que ha sido la constante enseñanza y práctica de la Iglesia”. Vamos, que la verdad primera y fundamental del catolicismo no es la misericordia de Dios, sino la ley de la indisolubilidad del matrimonio.

     Lo preocupante no es que estos cardenales, representantes de la minoría rigorista, pretendan sentar a Francisco en el banquillo de los acusados -una sobreactuación que roza lo histriónico-, sino la sintonía que se percibe con ellos en algunos sectores de la Iglesia. Y también, en nuestras respectivas diócesis.

     Hay católicos que comparten, concretamente, tres consideraciones sobre este papa “venido del fin del mundo”. Según la primera, no hay que esperar mucho a que las aguas vuelvan a su cauce tradicional y seguro, habida cuenta la avanzada edad de este papa “salido de madre”. Solo se necesita tener un poco de paciencia y aguante, a la espera de que la naturaleza haga su trabajo y aparezca, como agua de mayo, el deseado y añorado Pio XIII o un Juan Pablo III que ponga las cosas en su sitio. Pero, se recuerda, seguidamente, no está de más insistir en que la Iglesia se encuentra asfixiada por el tsunami de la “dictadura relativista” que Juan Pablo II y Benedicto XVI denunciaron hasta quedarse afónicos y al que Francisco le hace la ola sin miramientos de ninguna clase. Hay, finalmente, otra valoración, más técnica y que ha vuelto a saltar a la palestra muy recientemente: la Exhortación postsinodal “Amoris laetitia”, por ser rupturista, no mantiene la imprescindible continuidad con el magisterio que le ha precedido. Al incumplir tal criterio, queda invalidada como doctrina auténtica.

     Me permito intervenir en este debate aportando también tres consideraciones. La primera, para recordar que las reformas fundadas, como es el caso, en la sencillez y radicalidad evangélicas y no en la autoridad (aunque sea la del papa), han sido, y siguen siendo, determinantes en la Iglesia. La de Francisco, por asentarse en la misericordia, tiene todos los visos de perdurar en el tiempo. Por lo menos, tanto como pueda subsistir el Evangelio que la sostiene y más allá de que al actual papa le queden cuatro días u otros ochenta años.

     La segunda, es para invitar a repasar el magisterio de Juan Pablo II cuando animaba a “discernir bien las situaciones” de los divorciados vueltos a casar civilmente, dada su creciente complejidad, así como a valorar el diverso grado de pertenencia eclesial de dichas personas. El papa Wojtyla era consciente del problema. Pero, una vez reconocido, lo aparcaba y se limitaba a aplicar la llamada “ley moral natural” sin contemplaciones porque en ella se transparenta la voluntad de Dios. Y con él, Benedicto XVI. A diferencia de ellos, Francisco prefiere mirar el comportamiento de Jesús en la parábola del hijo pródigo o con la mujer sorprendida en adulterio. Y, a su luz, entiende, cargado de razones, que el amor de Dios está por encima de cualquier ley, incluido el catecismo y el código de derecho canónico. Me da que este criterio también está llamado a tener más futuro que la aplicación inmisericorde de la ley, aunque se intente presentarla como “definitiva” e “irreformable”. Todo un exceso, éste último, dogmático, además de jurídico, que ignora la precedencia del Evangelio.

     En tercer lugar, creo que no conviene confundir “relativismo” con “jerarquía de verdades”. Nadie discute, al menos entre los católicos, la indisolubilidad como uno de los principios del matrimonio, sin olvidar que cada día somos más quienes entendemos que no se pueden seguir aparcando las excepciones a dicho principio que el mismo evangelista Mateo (19,9) también pone en boca de Jesús: “excepto en caso de adulterio” (“porneia”). Pero todos deberíamos estar de acuerdo en que el corazón del Evangelio no son dichas verdades ni sus excepciones, sino la misericordia de Dios con nosotros. A su luz, se han de leer y aplicar las restantes. Esto tampoco es flor de un día.

     Evidentemente, está en juego no perder el tren de la historia, pero, sobre todo, recuperar el corazón mismo del Evangelio que, con frecuencia, sobrepasa a la historia. Y con ella, a nosotros.

 Jesús Mtz. Gordo

martes, 20 de diciembre de 2016

Elogio de lo humano



En medio de las luces, las algarabías y la fiebre consumista que a todos nos arrastra, los cristianos nos disponemos a celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús en medio de nosotros.

De un tiempo a esta parte da la sensación de que se ha desprovisto a la fiesta navideña de todo simbolismo religioso. Abundan las lucecitas, las cestas millonarias, los regalos de Papa Noel, los muñequitos de nieve, los trineos y los desfiles multicolores. La parte emotiva del asunto se reserva a la lotería del 22 de Diciembre que cuida primorosamente sus anuncios y los disfraza de mensajes familiares y tiernos. Y en medio de todo esto, casi ninguna alusión al nacimiento de Jesús, casi ninguna referencia religiosa; la Navidad se nos ha convertido en una suerte de Disneylandia en la que Jesús de Nazaret ha desaparecido.

Es cierto que el cristianismo adaptó la antigua fiesta pagana del Dies Natalis (el nacimiento del Sol) y la transformó en una festividad religiosa en la que se festejaba el nacimiento del que en el Evangelio aparece como la Luz del Mundo. Desde antiguo en nuestra cultura la Navidad se ha asociado a un hecho religioso, una fiesta en la que hacemos memoria del acontecimiento que ha revolucionado la humanidad: el corazón de Dios late en un recién nacido. Este hecho, se quiera o no, rebasa una lógica puramente humana y nos adentra necesariamente en el Misterio.

Así vista, la Navidad es políticamente incorrecta, siempre incorrecta. El hecho de que entre los más pobres irrumpa un Dios que se aleja de los palacios y los oropeles y se acerca a los márgenes sociales es un acontecimiento altamente subversivo. Cuando con frecuencia no se quiere poner el Belén en muchos lugares públicos esgrimiendo la laicidad del ambiente, se comprende perfectamente. El Belén es inquietante, insurrecto. Dos mil años después el nacimiento del Mesías, se quiere relegar a las afueras de la vida.

Muchos, es cierto, miran el Belén con curiosidad o indiferencia porque no son creyentes. Otros miran el Belén con miedo porque, si lo entienden, su significado es altamente rebelde: los pobres de la tierra son aupados en el Nacimiento mientras que los ricos, henchidos de sí mismos, aparecen en toda su mediocridad lejos del Portal.

No obstante, la Navidad cristiana es un acontecimiento abierto a todos los hombres y mujeres
de buen corazón. En la Navidad hay un elogio de la ternura, de la delicadeza, de la amabilidad. Dios no se endiosa, se humaniza condenando así todos los endiosamientos humanos que devienen en amargura e infelicidad.

La Navidad nos invita, pues, a vivir intensamente todo lo que nos hace más humanos. Es tiempo de escuchar, de saludar, de sonreír, de ser solidarios. Es tiempo de abrazar, de regalar y regalarnos, de reír juntos y parar el reloj para saborear la amistad; es tiempo de la buena educación, de los buenos modos, de desterrar el insulto y la calumnia, de superar diferencias políticas y buscar lo que nos une, de no negar el saludo a nadie ni darlo por perdido, es tiempo de hablar.

Es tiempo de buscar en las periferias de nuestra historia retazos de Misterio, atisbos de Luz entre los pobres, los refugiados, los desahuciados, los excluidos… los protagonistas, junto con el Niño, del permanente Belén de la Historia.

Es tiempo, en fin, de creer, de creer profundamente en el ser humano, con todas consecuencias, con sus grandezas y miserias, sus convicciones y sus dudas, urge creer en lo humano… sólo así podremos asomarnos a la fe en el Dios que ha huido del más allá para hacerse carne en el más acá.

Feliz Navidad, feliz humanidad.
JOSAN MONTULL

domingo, 11 de diciembre de 2016

Gabon



K-Toño Frade Villar

 ERA tradición en los años sesenta-setenta asistir el día de Nochebuena, ataviados con nuestros kaikus y mendigoizales, a la multitudinaria misa en euskera de seis de la tarde en San Antón. Estaba oficiada por el llorado D. Claudio Gallastegi, asistido por su primo D. Germán y ayudados ambos por Aita Iñaki Olabeaga –tío de Iñaki Anasagasti– como monitor.

 Aquellas emotivas misas aunaban junto a las homilías de nuestro insigne párroco la música y canciones de nuestro país ocupando el núcleo principal de la celebración. La cuasi centena de componentes del Orfeón San Antón, bajo la sabia dirección de Andoni Arregi, acompañado al órgano por D. Arturo Intxausti, desgranaban villancicos entrañables como Birgiña Maite o Polit Ederra, compuestos al alimón por D. Claudio y el mismo D. Arturo. La iglesia estaba hasta los topes, las voces solistas de Estitxu Arregi, Josune Arkotxa, Txomin Otazua, tenor; Julio Elorza, barítono; y Jose Mari Aristondo, bajo; tronaban contra la piedra de nuestro más que centenario alcázar bajo un recogimiento absoluto. Había algunos años que el magnífico tenor bilbaino Godoy ‘El Lebrel del Cielo’, como le llamaba mi ama en referencia al título de una película que este había protagonizado, realzaba la celebración con su magnífica voz acompañado algunas veces por su alumno Jose Félix Uribarri, que también recibía clases de la profesora Sarita Fuertes, esposa de D. Arturo.

Terminada la ceremonia, ya había caído la noche. La Banda Municipal de Txistularis con Boni, Txutxi Villar o Mikel Bilbao a la cabeza había terminado su último pasacalles vespertino del año. En el pórtico, resguardándose del sirimiri y del relente que entraba desde el corte de la Ría como un cuchillo, se agolpaba el gentío deseándose los consabidos Zorionak o Egubarri On.