lunes, 18 de septiembre de 2017

"El Obispo no es un padre-patrón que se deje aconsejar por los demás"




 Con esta broma inicial recibió el Papa a los 114 obispos nombrados a lo largo del último año.
  Posteriormente trazó los rasgos del obispo en la Iglesia de nuestros días.



El Papa ha recibido a los 114 obispos nombrados a lo largo de 2017. Y les ha trazado los perfiles del buen obispo:
·         Ojo con la tentación de la "inmovilidad""siempre se ha hecho así""tomemos tiempo".
  • "Las mismas soluciones no son válidas en todas partes".
  • No "resignarse a la repetición del pasado".
  • "Tener la valentía de preguntarse si las propuestas de ayer todavía son evangélicamente válidas".
  • «No se dejen aprisionar por la nostalgia de poder tener una sola respuesta que aplicar a todos los casos. Esto tal vez calmaría nuestra ansia de prestación, pero dejaría relegadas a los márgenes y “áridas” las vidas que necesitan ser regadas por la gracia que custodiamos».
  • «vivir el propio discernimiento de pastor como miembro del pueblo de Dios, en una dinámica siempre eclesial, al servicio de la “koinonía”». El obispo, de hecho, «no es el “padre-patrón”». Y su «misión» no consiste en «aportar ideas y proyectos propios, ni soluciones abstractamente pensadas por quienes consideran a la Iglesia un huerto de su casa», sino ofrecer «humildemente, sin protagonismos o narcisismos», el propio testimonio concreto de «unión con Dios, sirviendo el Evangelio que debe ser cultivado y ayudado a que crezca en esa situación específica».
  • «delicadeza especial con la cultura y la religiosidad del pueblo», que «no son algo que hay que tolerar, o meros instrumentos que manejar», ni mucho menos «una “cenicienta” que siempre hay que mantener oculta porque es indigna de acceder al salón noble de los conciertos y de las razones superiores de la fe».
  •  «humildad y obediencia». «Humildad con respecto a los propios proyectos», explicó Bergoglio; «obediencia con respecto al Evangelio, criterio último; al Magisterio, que lo custodia; a las normas de la Iglesia universal, que lo sirven; y a la situación concreta de las personas, para las cuales no se quiere nada más que sacar del tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de su salvación».
  • «gritando la necesidad de ser ayudado para afrontar las dramáticas cuestiones que lo asaltan, ser paternalmente guiado en el recorrido nada obvio de su desafío, ser iniciado en el misterio de la propia búsqueda de vida y de felicidad».
  • Pero «solamente quien es guiado por Dios tiene título y autoridad para ser propuesto como guía para los otros», afirmó el Pontífice. «Puede amaestrar y hacer crecer en el discernimiento solamente quien tiene confianza con este maestro interior que, como una brújula, ofrece los criterios para distinguir, para sí y para los otros, los tiempos de Dios y de su gracia».
  • «el discernimiento del obispo siempre es una acción comunitaria que no prescinde de la riqueza de la opinión de sus presbíteros y diáconos, del pueblo de Dios y de todos los que puedan ofrecerle una contribución útil, incluso mediante aportes concretos y no meramente formales»: Como decía Doroteo de Gaza, «cuando no se tiene en cuenta al hermano y nos consideramos superiores, acabamos por enorgullecerse incluso contra Dios mismo». 
  • instaurar un «diálogo sereno», sin el «miedo de compartir, y a veces modificar, el propio discernimiento con los demás». Con los hermanos en el episcopado, a los cuales el obispo está unido «sacramentalmente»; con los propios sacerdotes, de los cuales «es garante de esa unidad que no se impone con la fuerza, sino que se entreteje con la paciencia y la sabiduría de un artesano»; con los fieles laicos, porque «ellos conservan el “olfato” de la verdadera infalibilidad de la fe que reside en la Iglesia».
  •  invitó a todos a «cultivar una actitud de escucha, creciendo en la libertad de renunciar al propio punto de vista (cuando se revela parcial e insuficiente), para asumir el de Dios». Y también a no «dejarse condicionar por ojos ajenos», sino más bien comprometerse «para conocer con ojos propios los lugares y a las personas, la “tradición” espiritual y cultural de la diócesis que les han encomendado».
  • «Acuérdense —dijo el Papa Francisco— de que Dios ya estaba presente en sus diócesis cuando ustedes llegaron y seguirá estando cuando ustedes se hayan ido. Y, al final, todos seremos medidos no con respecto a la contabilidad de nuestras obras, sino con el crecimiento de la obra de Dios en el corazón del rebaño que custodiamos en nombre del “Pastor y custodio de nuestras almas”».
  • El Pontífice concluyó exhortando a los obispos recién nombrados a «crecer en un discernimiento encarnado e incluyente», porque «la actividad de discernir no está reservada a los sabios, a los perspicaces y a los perfectos», sino que debe ponerse en diálogo «con el conocimiento de los fieles» pues «debe ser formada y no sustituida», «en un proceso de acompañamiento paciente y valiente». Trasmitir la «verdad de Dios» a los fieles no es proclamar obviedades, sino introducir «a la experiencia de Dios que salva sosteniendo y guiando los pasos posibles que hay que dar», explicó el Papa.
  • El objetivo es hacer que madure «la capacidad de cada uno: fieles, familias, presbíteros, comunidades y sociedades»: todos están «llamados a progresar en la libertad de elegir y realizar el bien que Dios quiere», afirmó Bergoglio, en un proceso «siempre abierto y necesario, que puede ser completado y enriquecido» y que «no se reduce a la repetición de fórmulas que “como las nubes altas que mandan poca lluvia” al hombre concreto, que a menudo está inmerso en una realidad irreducible a lo blanco o negro».
  • Una vez más, el obispo de Roma pidió a los pastores que penetren «en los pliegues de lo real y tener en cuenta sus matices para hacer que surja todo lo que Dios quiere realizar en cada momento». Hay que «educarse a la paciencia de Dios y a sus tiempos, que nunca son los nuestros», recomendó. «A nosotros nos espera, cotidianamente, acoger de Dios la esperanza que nos salva de cualquier abstracción, porque nos permite descubrir la gracia oculta en el presente sin perder de vista» su «plan de amor». Plan que es mucho más grande que nosotros. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

EL 'derecho a la blasfemia' en un estado moderno



JESÚS MARTÍNEZ GORDO. 
Catedrático de Teología 
(En DV, Sábado, 02/009/17)


La exposición pública de una composición «de imágenes blasfemas» de Jesús Crucificado titulada ‘Carnicería vaticana’ en una txosna del recinto festivo es, al decir del obispado de Bilbao, «una agresión que ofende sentimientos profundos y creencias arraigadas». Solicita, por ello, «el amparo» y la intervención de las instituciones públicas responsables con el fin de promover el «valor básico de la convivencia social en paz y armonía».

Hay quienes abordan el asunto en términos de confrontación formal entre libertad religiosa y libertad de expresión. No faltan quienes ven en ello una ‘boutade’ que, sumada a otras de parecido estilo, puede acabar cargando las pilas de una ultraderecha dormida y acabar arruinando la convivencia democrática. Más allá de estos y otros análisis, es una buena ocasión para refrescar el debate abierto el año 2015, con ocasión de los atentados terroristas contra los periodistas de ‘Charlie Hebdo’ sobre el supuesto ‘derecho a blasfemar’ y sobre el tratamiento legal de comportamientos de este estilo en un Estado moderno.

En los códigos penales de los países europeos se encuentran tres diferentes maneras de abordar la blasfemia: su penalización directa, su evolución hacia el insulto o difamación por motivos religiosos y la persecución de lo que se entiende como incitación al odio (’hate speech’).

La blasfemia como delito es definida como una ofensa contra Dios, los preceptos y los símbolos de una religión. En Alemania, por ejemplo, se ha considerado blasfema una obra teatral en la que se representaba a un cerdo crucificado y se ha condenado a una persona que había escrito en papel higiénico: «el Corán, el Santo Corán», enviándolo a mezquitas y televisiones. Los críticos cuestionan la competencia del Estado en un asunto que pasa por enjuiciar cuestiones de fe o doctrinales, acarreando, casi siempre, una restricción de la libertad de expresión. Además, prosiguen, las convicciones religiosas acaban protegiéndose de las no religiosas y del ateísmo, quedando seriamente lesionadas la imparcialidad y la pluralidad.

La acogida de estas críticas explica que la consideración de la blasfemia como delito haya evolucionado en Italia, Grecia, Irlanda, Finlandia, España, Austria, Alemania, Chipre, Dinamarca, Islandia, Liechtenstein, Noruega y Rumanía hacia el de insulto o difamación de la religión, extendiéndose el amparo a las confesiones minoritarias. Y explica también que Letonia y Polonia, hayan decidido proteger al individuo y a los grupos que profesan una determinada confesión, castigando las ofensas a la sensibilidad religiosa. En Polonia, por ejemplo, se ha penalizado como insultante proclamar que «el cerebro (el de los judíos) ha sido circuncidado».

Existe un tercer grupo de naciones integrado por todas las postcomunistas, (con la excepción de Rumania) juntamente con Holanda, que prefieren proteger a los creyentes más que sus convicciones. Criminalizan, por eso, la incitación al odio en el marco de la defensa y salvaguardia de la raza, el color, la nacionalidad, las opciones políticas, la orientación sexual, etcétera. Es una apuesta también criticada por la inexistencia de una definición de ‘incitación al odio’ que sea universalmente aceptada y porque suele ser bastante frecuente que tales leyes se apliquen de manera desigual, según se trate de religiones mayoritarias o minoritarias; y, por supuesto, a los ateos.

De este sucinto recorrido se puede concluir que la tipificación de la blasfemia como delito o el supuesto derecho a la misma ya no se puede plantear como solución a la relación, frecuentemente complicada, entre libertad religiosa y libertad de expresión. Urge reubicar la cuestión en el marco más amplio del respeto a la diversidad y pluralidad: amparar el insulto o la difamación de una persona o de un colectivo por sus convicciones religiosas, raza, color, nacionalidad, orientación sexual o de cualquier otro tipo no es propio de un Estado moderno que, además de democrático, promueve y cuida la convivencia cívica. Sin un mínimo de respeto, el ejercicio de cualquier libertad, incluida la de expresión, debilita la capacidad de vivir juntos, resintiéndose la misma democracia.


Queda en manos del lector, releer esta consideración en un mundo como el nuestro, convertido, hace tiempo, en una ‘aldea global’. «Cuando los periodistas de Charlie Hebdo fueron masacrados», declaraba el jesuita Franco Martellozzo, en África desde 1963, «un responsable musulmán local me dijo: ‘matar en nombre de Dios es el peor insulto a Dios, el pecado más grande’. Pero después, cuando el periódico volvió a la carga con una nueva caricatura y el gentío fanático quemó iglesias en Níger, el mismo amigo me dijo amargamente: ’provocar a los fanáticos no es una señal de inteligencia’».

Todo un ejemplo de sabiduría cívico-política para nuestros políticos. Y también para quienes integran la txosna bilbaína.

Dos aniversarios



José Luis Beltrán de Otalora. 6 de septiembre de 2017

DOS ANIVERSARIOS,
podrían ser para la luz,
quizás sean para la ceniza.

Hace 60 años, hoy, el líder de EEUU de América decidió la primera bomba atómica; creo que la probó posteriormente en aguas de África; de entonces a hoy, es el único que la utilizó como fuego real sobre la Real realidad Humana.

En este año todavía cero, acaba de probarla el líder de Corea del Norte en aguas más allá de Japón. Todavía no la ha utilizado.

LO FÁCIL, por la ausencia de costos: Puesto que ambos quieren la paz, se sientan y deciden: dejamos todo, el de muchas bombas todas, el de pocas bombas todas.

LO DIFÍCIL, por el elevado costo: Nos liamos y "como tengo más, te podré", o "como empiezo antes, triunfaré".

LA DIFICULTAD: que aquello FÁCIL no da dinero a nadie, mientras que LO DIFÍCIL lo da, aunque a pocos.

Si nos unimos podríamos que lo FÁCIL, único que beneficia a todos, triunfe. Pero cada cual tenemos que soñar, proyectar y andar un caminito.